El laboratorio de la cooperativa de piensos Comazoo, en el norte de Italia, es un lugar ajetreado. Los camiones con entregas de maíz y otras materias primas hacen cola para descargar, pero antes deben someterse a pruebas para detectar la presencia de micotoxinas.
Esto es especialmente importante en el caso del maíz destinado a piensos lácteos. La fábrica de piensos está situada cerca de las principales zonas productoras de queso Gran Padano y Parmigiano Reggiano, en el norte de Italia. Por ello, la presencia de aflatoxinas en el maíz utilizado en la alimentación de las vacas lecheras es motivo de gran preocupación, ya que puede contaminar la leche y, en última instancia, el queso elaborado con ella.
Y como el clima cálido y húmedo tiende a favorecer a los hongos causantes de las micotoxinas, el problema de la contaminación por aflatoxinas no hace más que agravarse a medida que los efectos del cambio climático siguen revelándose.
En esta entrevista en vídeo, la directora del laboratorio, Roberta Benini, explica por qué Comazoo ha establecido controles precisos más estrictos que los de las normas del sector y cómo una nueva solución de análisis totalmente automatizada les permite analizar de forma fiable y coherente todos los materiales entrantes sin provocar atascos de camiones fuera de la planta. "Tenemos límites internos incluso inferiores a los legales", afirma. "Para las vacas lecheras, consideramos que la presencia no debe superar las dos partes por billón".